Crecí en un hogar  donde mi  madre  es cristiana y padre ateo; fui educada  en un colegio de monjas. Mis padres en su afán de darme una vida agradable y con comodidades  se dedicaron a trabajar y yo por ser hija única estaba siempre sola. 
Ya en la adolescencia  con una personalidad caprichosa y voluntariosa ingrese a la universidad  y con un futuro prometedor por delante, tomé una decisión que cambio mi vida. Conocí a un hombre  a los 19 años con el cual me casé. Él, una  persona culturalmente diferente y con un contexto familiar donde el padre era  alcohólico, infiel que golpea  a su esposa y a sus hijos continuamente, vió en este pasado familiar un modelo para su matrimonio. 

Durante tres años de matrimonio viví una relación  de maltrato físico, psicológico  e infidelidades  de lo cual lo único que me quedo fue una hermosa hija que actualmente tiene 14 años.
Después de esos tres tormentosos  años me separo,  vuelvo a  casa con mis padres  e ingreso otra vez a la universidad.
Con una personalidad totalmente diferente llena de temores e inseguridades  y con la persecución y maltrato continuo que sufría por mi ex pareja, llego a refugiarme equivocadamente en la rumba, alcohol y cigarrillo.
Durante este periodo de agitada vida social, mi prima más cercana muere de  cáncer de seno y como consecuencia del mismo deja una niña de 9 años  de la cual yo me hago responsable.
En este periodo de luto me di cuenta que yo también tenía una masa en un seno y un mes después me diagnosticaron cáncer de seno, comienzo mi tratamiento con quimioterapias y con ellas un deterioro en mi organismo y aspecto físico como la caída de cabello, las uñas y mi ánimo.

Mi madre, como siempre, estuvo conmigo apoyándome con sus oraciones y cuidados, y junto a ella mi pareja en ese momento. Pero a pesar de todo mi corazón estaba cada día más lastimado y rebelde. Nunca quise escuchar lo que mi madre me hablaba de Dios.
Ocho meses después de cirugías y tratamiento y pensando que ya había superando esta enfermedad me diagnostican  nuevamente cáncer en el otro seno, y  una vez más comienza el proceso de quimioterapias, tratamientos.
Muy cerca de la muerte, después de varias cirugías,  con mi autoestima destruida, mis hijas abandonadas,  con una carrera inconclusa, una mala relación con mis padres , una vida sentimental vacía  y un deseo de acabar con mi vida;  entre a una papelería  donde estaba escrito un pasaje de la Biblia, Isaías 54 “ …” Salí de allí y descubrí que tenía un Dios que me perdonaba , que quería ayudarme, levantarme y restaurarme en cada una de las áreas de mi vida.
Días después acepte la invitación de una mujer que era esteticista y que llevaba meses invitándome a la iglesia fue ahí cuando llegue a  fe en acción con mis hijas; fue allí donde  entendí que todo lo que venía pasado en mi vida era consecuencia del pecado  y de tomar decisiones sin la guía de Dios; 
Es así que Cristo entra en mi corazón,  yo me arrepiento y tomo la decisión de cambiar, alejarme de las cosas y las personas que me distanciaban de mi relación con Dios y de mi familia.
Dios  al entrar a mi vida comienza a restaurar la relación con mis hijas, sus vidas, la relación con mis padres; Termino mis tratamientos;  soy totalmente sana de esa enfermedad, y culmino mi carrera profesional.

Ya  con mi autoestima y mi corazón sano Dios trae a mi vida a un hombre maravilloso, temeroso de Dios, soltero, joven y trabajador con el cual formamos una familia ensamblada, pero bajo los principios y la guía de Dios victoriosa y grandemente bendecida.
Meses después y a pesar de la insistente negativa de los médicos de poder quedar embarazada, por correr riesgo mi vida o la del bebe, decidimos con mi esposo pedir a Dios que nos diera un hijo.
Cuando creímos que estaba embarazada, el médico me diagnostico cáncer de ovario, sugiriéndome una cirugía donde me quitarían todo mi aparato reproductor; durante la cirugía realizan una biopsia por congelación y para sorpresa del médico encuentran solo un pequeño quiste en mi ovario el cual extraen y un año después nace mi bebe completamente sano.
Hoy en día  tengo un hogar maravilloso, un excelente esposo, nuestros  tres hijos son enseñados bajo la dirección de Dios,  son niños sanos,  con un futuro de bendición y prosperidad.

Soy una mujer, madre, esposa, profesional, y ministra de Dios completamente sana  y restaurada por el infinito amor de Dios.
Yo les digo que no importa todas las situaciones tristes que hayan podido pasar en sus vidas o las equivocaciones que hayan podido cometer, tenemos un Dios que siempre ha estado hay  amándonos y esperando a que lo dejemos hacer parte de nuestra vida y  de nuestras decisiones;  si hoy tu le pides perdón, te arrepientes y dejas que Él tome el control  de todo, comenzaras un camino restauración , paz y bendición para ti y para cada una de las personas que te rodean y las cuales se ven afectadas con tus buenas o malas decisiones.

Tu escoges... Sólo tu lo puedes hacer.

Carolina Rodríguez Guarnizo

 
     
     




 

 

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