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Humildad es el concepto peor interpretado - especialmente en el mundo cristiano-, porque se confunde con
buenas costumbres o educación.
-Humildad no es hacer ciertas tareas.
-“¡Qué humilde es ese doctor que viaja en metro!” Y no es así.
-Una mujer, que estuvo en la casa de un neuro cirujano y como él había cocinado, dijo: “¡Qué humildad la suya!”
Cocinar no te hace humilde aunque sea un neuro cirujano.
-En México un multimillonario estaba lavando el piso y los que lo veían se asombraban. Lavar un piso no es humildad.
-Humildad no es baja estima o inseguridad.
“Escribí un libro y lo rmé como NN” ¡Qué humilde! Eso no es humildad.
-Humildad no tiene que ver con pobreza.
“El pastor anda en bicicleta”; “violaron a una chica humilde de la villa”.
Dinero nada tiene que ver con humildad.
Humildad es una actitud.
Jesús dice: “Si te exaltas yo te voy a humillar pero si te humillas te voy a exaltar.”
El término utilizado para exaltar signica tener éxito , o sea “si buscas el éxito serás humillado, pero si eres humilde
Dios te dará éxito.”
No es malo decirse humilde porque Jesús lo hizo: “Aprendan de mí que soy humilde”.
Moisés, en el libro de Números, dijo que el que escribió ese libro era “el hombre más humilde de la tierra”, reriéndose
a él mismo inspirado por Dios.
Humildad es una actitud.
William Branham -contemporáneo de Billy Graham- profetizaba y decía a las personas hasta el número de documento,
donde vivían, sus nombres y edades; durante sus prédicas los paralíticos se levantaban dejando cientos de
sillas de ruedas vacías.
Paralelamente Dios levantó a Billy Graham, que no ora por los enfermos ni profetiza, sólo trasmite la necesidad de
recibir a Jesús en el corazón.
El mensaje de William Branham estaba acompañado por milagros, ejercía un ministerio de poder, los enfermos
eran sanados, los ciegos veían, los sordos oían, pero mientras Billy Graham sigue con su ministerio siendo el
predicador que mayor cantidad de personas llevo a Cristo en los Estados Unidos, William Branham desapareció de
la historia, nadie se acuerda de él y muchos no lo conocieron.
¿Qué pasó? Es que William Branham se “creyó mucho” y Dios lo humilló, porque el que busca exaltación será
humillado y el que se humilla será levantado por Dios.
Humildad es aprender.
Si tenemos actitud de aprendizaje Dios nos exaltará, pero cada vez que nos exaltemos sin aprender, Dios nos
humillará.
Humildad es tener un espíritu enseñable, la capacidad de aprender y, si es incorporada como un estilo de vida,
siempre traerá éxito.
El que no se deja enseñar es orgulloso, dice: “yo lo hago a mi manera”, “sé todo” y quiere enseñarle a sus maestros.
Jesús dijo: “Un discípulo no será más grande que su maestro, ni un siervo que su señor.”
Cuando un orgulloso dice: “Ya lo sé, no necesito aprender de nadie”, será el comienzo de la humillación.
Los que dicen “ya sé” a todo, empiezan a no saber que no saben y nada es peor “el que no sabe que no sabe”, pero
“el que sabe que no sabe” es humilde.
Dios resiste al orgulloso y da gracia a los humildes, favoreciéndolos con un imán especial.
El día que deje de aprender, estaré muerto para Dios.
¿De quién tenemos que aprender?
1º- De la gente difícil.
La gente difícil nos enseña a ser grandes líderes. Cuando nos lastiman o algo nos molesta tenemos dos caminos:
1-Enojarnos, pelearnos, blasfemar, irnos y quedar heridos,
2- O, aprender.
Si elegimos el primero, no desearemos nada más, pero el segundo nos enseñará que la gente difícil es el mejor
entrenamiento para un gran líder.
El aprender trae éxito y es tan importante saber lo que se debe como lo que no se debe hacer.
2º- De situaciones difíciles.
Podremos llorar, amargarnos, insultar, maldecir, quedarnos quietos, dejar todo o aprender.
El inventor del sistema de defensa japonés dijo: “Cuando muera quiero hacerlo con el cinturón blanco”, eso es
humildad.
Cada día debemos ponernos el cinturón blanco y declarar: “Es el día que hizo el Señor y aprenderé”, eso es humildad.
El que se la cree y deja de crecer y aprender, anuncia su muerte.
Jesús dijo: “Aprendan de mí que soy humilde, porque lo que yo veo hacer al Padre es lo que hago”. Los fariseos no
quisieron aprender.
Moisés era hebreo, fue criado en Egipto, era rico, con dinero, sabía varios idiomas, estudió en las mejores universidades,
el niño mimado. Un día vio a un egipcio pegarle y maltratar a un hebreo, entonces lo mató y lo escondió
bajo la arena. Al día siguiente vio otra pelea entre dos hebreos y les preguntó por qué peleaban y éstos respondieron:
“¿Nos vas a matar como al egipcio?”, entonces Moisés huyó.
Pasaron los años y Moisés estaba sobre la montaña cuando un día vio un arbusto que se estaba incendiando y le
llamó la atención, oyó allí la voz de Dios que le dijo: “Moisés, he visto el dolor de mi pueblo como tu lo viste, lo que
te dolió y enfureció, tampoco lo soporto más por eso te llamo, vi tu frustración que también es la mía.
Dios busca gente que se conmueva por las mismas cosas, entonces irrumpe en su vida y dice: Porque sufres, te
daré un sueño para que lo resuelvas. Llegaremos a una situación límite donde no soportemos más, seremos
insatisfechos, quebrantados y, sobre ese dolor, Dios nos dará el sueño para cambiarlo.
El dolor de no soportar ver la ciudad destruida, con su gente muerta, hizo que Nehemías llorara por varios días y
fuera a construirla.
Dios nos hará ver situaciones hasta llorar y decir: “No aguanto más la injusticia”.
Ver carteles por todos lados diciendo: “Prohibida la entrada a los negros, sólo para blancos”, hizo que Martin
Luther King se enfrentara a todo un aparato político.
Tocar fondo.
Muchas situaciones generan dolor pero habrá una que nos llevará a lo más profundo de nuestra resistencia, nos
quebrará, dará un dolor intenso, tristeza y angustia y diremos: “¡No aguanto más!” Entonces Dios se aparecerá:
“Estas sintiendo lo que yo, tengo un plan para ti”.
Debe haber algo que conmueva tus entrañas.
Hoy, muchas iglesias se cierran, los pastores se mueren, y nos debe mover observar la cantidad de cristianos
apartados, tanta gente frustrada.
No te aísles de lo que te angustia, no cambies el canal cuando veas el dolor, no alquiles películas para distraerte,
conéctate con la necesidad pues será el combustible del sueño que Dios te dará y nadie te robará.
Cuando soy quebrantado se activa mi llamado.
Hay un momento en que ya no importa el don sino el llamado de Dios.
Por ejemplo, si mi don es dirigir la alabanza habrá un momento donde salga de mi ego y ya no será más importante
lo que me gusta sino cumplir el llamado, la visión de Dios. Eso no quiere decir que no voy a dirigir más sino
que el foco no estará en el don sino en la meta por delante.
Moisés dijo: “No importa quien los guíe a la tierra prometida si Josué o Caleb, lo importante es que el llamado se
cumpla”.
Llegará un momento en que miremos a la gente sin Cristo, lloremos y decir: “Señor alguien tiene que hacer algo”.
Y Dios te dirá: “Estas sintiendo lo mismo que yo, te enviaré y entre los dos lo resolveremos”.
No huyas del problema, no digas cuánta inseguridad, qué mal está el país, porque algo te quebrantará y Dios te
levantará para que lo hagas.
No hay nada más importante en el mundo que la iglesia de Jesucristo, y nuestra tarea es de vida o muerte.
El gran pastor Bill Hibels fue al funeral de un chico de la iglesia, otro pastor dijo: “Se murió, qué tristeza, qué
angustia, qué dolor”, y todos los asistentes comenzaron a llorar. De pronto el papá corrió entre las personas que
lloraban y dijo al gran pastor: “Esto no puede quedar así”.
El Espíritu Santo le había dicho al pastor Hibels, que estuviera atento porque lo usaría, entonces fue al hombre y le
dijo:”Voy hacer una oración porque el Padre me lo pidió”, y oró: “Padre, gracias, porque para los que tenemos a
Cristo hay esperanza de encontrarnos con este chico en la eternidad, porque nos has prometido perdón, victoria y
él, que conoció a Cristo, está festejando contigo.” El padre lo abrazó y dijo: Yo sabía que esto no podía terminar así.”
Todo el dolor que vemos no terminará así, sino con el mensaje de Jesucristo y la iglesia cambiará el destino espiritual
de este país.
Aprender, abrirá las puertas para recibir todas las soluciones.
Ese es el secreto:
Dios da las soluciones “al que aprende”, pero se opone al que “lo sabe todo”.
¿Qué pasó Pedro, no pescaste nada? Boga mar adentro.
¿No tienes dinero para pagar los impuestos? Busca en el primer pez y lo encontrarás.
¿No tienen qué comer? Conseguí dos panes y cinco peces y serán alimentados.
Dios da a los humildes.
Jesús sabe donde está la prosperidad, no es dinero sino saber dónde encontrarlo, revelará el lugar, la hora, el
contacto, la gente, la estrategia, las palabras, que den las soluciones, porque el que aprende recibe el éxito de
parte de Dios, es exaltado y aplaudido.
La gente exaltada no es orgullosa sino humilde; los “grandes” que hemos conocido en el reino eran humildes, por
eso Dios los exaltó.
Si aprendemos de nuestros mentores y del Señor, Dios nos exaltará.
Los discípulos no pudieron liberar al endemoniado, Jesús les dijo: “Ese demonio sólo sale con oración y ayuno”.
Jesús oraba en las madrugadas por tres horas, por eso su día comenzaba con éxito en todo.
En ningún momento vemos a Jesús orando con los discípulos, sólo en Getsemaní y ellos estaban lejos de Él,
porque Jesús sabía que si aprendía del Padre le iba a ir bien.
A los que se encierren en el lugar secreto Dios le enseñará humildad.
La humildad siempre es en dos direcciones: - hacia la gente. Debemos aprender de los mentores, qué hacer y qué
no, aprender de sus errores y de la gente difícil,
- aprender del Señor. Pasar tiempo con El, que nos muestre dónde tirar la red, quién es el niño que tiene los panes
y los peces, si debemos pescar con medio mundo o caña, pero no en medio de la situación sino antes, hay que
orar ¡ya!
Moisés vio a los egipcios que los perseguían y el Mar Rojo estaba por delante, Dios le dijo: ¿Qué tienes en la
mano?
-“Un palo”, respondió.
-“Ahí está la solución”, le dijo Dios.
Déjate enseñar por Dios. Estás viendo un palo pero Él está viendo un “abre Mar Rojo”, la solución está en el Señor.
Saulo, el asesino, mataba cristianos, y cuando se le apareció el Señor se convirtió, Ananías lo discipuló y empezó a
perseguirlo, Pablo aprendió a oír a Dios, se metió adentro de una canasta y se salvó, porque hay canastas y canastas
ungidas.
Cuando Dios te señala algo es porque está ungido para tu solución.
“La única vez -dice Myles Monroe-, que los discípulos le dijeron a Jesús “enséñanos” fue cuando le pidieron que les
enseñara a orar, porque ellos veían a Jesús estar con el Padre todos los días dos, tres o cuatro horas, amándolo, sin
problemas de horario ni apuros, sacando demonios, sanando enfermos, resucitando a Lázaro y le dijeron.
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